El ganado Romosinuano
El ganado Romosinuano descendiente del “Criollo”, un verdadero tesoro que está cumpliendo 500 años de adaptación en nuestras tierras

Durante los últimos 100 o 150 años los ganaderos del continente americano han importado numerosas razas de ganado europeo, ya sean de carne, de leche o del llamado doble propósito, y tratado de adaptarlas a las distintas condiciones climáticas y tipos de explotación. Esto no ha sido difícil en los climas templados y fríos parecidos a los de Europa, pero sí en los tropicales, donde estas razas padecen sobremanera o bien tienen que ser explotadas en cruzas con el ganado cebuino.
Contamos, sin embargo, con un ganado europeo que se halla un tanto olvidado y se conoce como “criollo”, el descendiente del traído por los españoles a partir del siglo XVI, y que es un verdadero tesoro porque está cumpliendo 500 años de adaptación exitosa a nuestras tierras. Es un ganado, además, que antes de llegar a España se había desarrollado durante milenios en el norte de África, habiendo salido, como los demás bovinos (Bos taurus y Bos indicus) de la cuna del ancestro común, el uro, que fue Mesopotamia (el actual Irán). Esto es importante ya que implica una adaptación previa a las altas temperaturas africanas y al consumo de forrajes pobres.

De este ganado criollo surgió la raza Romosinuana, de excelentes cualidades productivas y reproductivas, que comenzó a desarrollarse inicialmente en Colombia hace unos 70 años; de ahí pasó a Carolina del Norte (EUA), Costa Rica y más tarde a México. El nombre de este ganado viene de romo (mocho o sin cuernos) y Sinú, un río del norte de Colombia en cuya cuenca tropical húmeda fue desarrollado. A sus cualidades fenotípicas producto de la adaptación al medio tropical y que recuerdan las del Cebú, el Romosinuano añade las que toma del europeo, sobre todo en fertilidad, longevidad y habilidad materna, que junto a su productividad en carne y leche son las cualidades que marcan actualmente la rentabilidad de una ganadería tropical.

Entre sus principales adaptaciones al trópico húmedo o seco, nos dice en entrevista el MVZ Carlos Ortiz, están su pelo corto y ralo, su piel pigmentada y sumamente gruesa muy vascularizada (con muchos vasos sanguíneos), así como formando una gran papada y numerosos pliegues; es decir, tiene una enorme extensión de piel que le permite disipar el calor muy eficientemente, a manera de radiador. Su gen del pelo corto hace que en cruzas con cualquier vaca peluda produzca animales también de pelo corto, con una piel mejor adaptada y menos susceptible a la garrapata, lo que se suma a su gran resistencia natural a las enfermedades tropicales.

El color más común en el Romosinuano, señala Ortiz Lanz, es rojo o bayo zaino sólidos; también hay ejemplares con el pelaje josco (pelo negro en cara y cuello) y rara vez barcinos, mecos o chorreados (con rayas negras en el manto). Otra característica ocasional pero muy distintiva en el manto es el color “rodado” o “tostoneado”. La piel es pigmentada de negro o rojo, así como el morro.
“Son animales de talla mediana, cosa deseable porque más grandes resultan menos funcionales. En promedio, los toros pesan 400 kg a los tres años y 700 a la edad adulta; las vacas al primer parto 385 kg y 470 en el quinto. Paren sin dificultad machos de 30 a 34 kg y hembras de 26 a 29 kilos.”
Diversos estudios han comprobado que en condiciones tropicales el Romosinuano produce más kilos de carne y leche por hectárea. Posee los genes de marmoleo y suavidad de la carne, y, en cuanto a leche, el de la kappa caseína, que determina una leche de alta calidad y alto rendimiento en elaboración de quesos. Con las nuevas herramientas disponibles en tecnología genética puede saberse, desde que el animal es muy pequeño, si va a transmitir al 100% a su descendencia la característica del pelo corto, y si posee los genes de fertilidad, marmoleo, suavidad de carne, kappa caseína y otros marcadores vinculados a la productividad. Una de sus cualidades es el largo de la cadera, muy importante en los cortes finos. Abundan los ejemplares de palomilla larga y muy anchos en la zona de los lomos. Se pueden seleccionar líneas de Romosinuano que redondeen el cuarto trasero para aumentar su competitividad cárnica con otras razas.
En el aspecto reproductivo, puede afirmarse que un toro de esta raza tiene capacidad de cubrir 50 vacas en condiciones de campo, y se ha comprobado que usando estos sementales en vacadas comerciales se logra 20% o 25% más de nacencias al año. Esto confirma que con el Cebú y sus cruzas, el Romosinuano puede sostener ganaderías rentables en el trópico. Las hembras, por su parte, pueden promediar sin problemas entre 12 y 13 meses de intervalo entre partos; su habilidad materna hace que esta raza tenga un intervalo entre partos menor que cualquier otra ya sea europea, cebuina o sintética en condiciones tropicales. Cuanto más difíciles las condiciones de manejo, mejor se comporta el Romosinuano en comparación con otras razas.
En la década de 1970, con base en semen de toros Romosinuano puros, el doctor Jorge de Alba Martínez inició en México un paciente trabajo de introducción de la raza por absorción, con encastes sucesivos sobre hembras principalmente de la raza Criollo Lechero Tropical. Después de cinco generaciones, en 1995 obtuvo los primeros animales puros.
La Asociación Mexicana de Criadores de Ganado Romosinuano y Lechero Tropical, A. C., se fundó en 1998 con sede en Tuxpan, Veracruz. Los socios, abarcan las regiones donde se crían estas razas, que incluyen toda la costa del Golfo y, en el Pacífico, desde Chiapas hasta Jalisco, con unas 3,000 cabezas registradas en conjunto.
Criolla Lechera Tropical
Se trata, enfatiza Ortiz Lanz, de la única raza que actualmente puede ofrecer semen y sementales con valores de diferencias esperadas de la progenie (DEP) para leche. En lactancias controladas se logran promedios de hasta 2,000 kg de leche, pero debe considerarse que por las característica de estos animales una hectárea puede mantener tres y hasta cuatro vacas. Su intervalo entre partos es de 13 meses y sus lactancias van de 280 a 290 días.

Esta raza se caracteriza por su fertilidad y longevidad en condiciones adversas, su piel gruesa y pigmentada, pelo corto y escaso que incrementa su resistencia natural a la garrapata, agilidad para desplazarse en praderas, la calidad de su leche (en sólidos totales y rendimiento en queso), así como su capacidad de mantenerse en pastizales de gramíneas tropicales.

Una cualidad especial de su leche es el contenido de kappa caseína en su variante B, que es la más estrechamente relacionada con el rendimiento en queso y en el cuerpo del yogur. Con ayuda de expertos de la UNAM, un análisis del ADN nuclear determinó una frecuencia de 70% en el contenido de esta variante en la leche de la raza Criolla Lechera Tropical, una de las más altas entre todas las razas lecheras del mundo.
